“Niche, estamos en Grandes Ligas. Qué increíble. Hasta parece mentira”, así le decía a Albert Williams cada que lo miraba cuando jugábamos en la MLB. Él era alto (6’4), con un hablar peculiar y muy humilde. Ambos representábamos a Nicaragua y no importaba que fuera costeño, un territorio olvidado, él se sentía tan nicaragüense como yo. Nos cubrían los mismos colores. Las Regiones Autónomas de la Costa Caribe continuaron produciendo talentos únicos como David Green, Marvin Benard, Devern Hansack hasta llegar a Cheslor Cuthbert. En la actualidad se siguen mencionando los logros de cada una de sus hazañas para poner en alto al país, sin embargo, ha quedado en evidencia la poca importancia estatal por los habitantes de esas zonas, embestidos por dos huracanes devastadores.
Históricamente se ha conocido lo abandonado que ha sido ese sector de la nación, a pesar del gran potencial existente. Prácticamente no se ha hecho nada por querer un verdadero desarrollo en ese lugar, sino todo lo contrario, leo que se destruyen los bosques, que aumenta la escasez laboral y sobretodo, la incapacidad de los que tienen el poder en dar respuesta a la situación del momento. Y eso es sumamente grave. Recuerdo cuando Félix Maradiaga le dijo a Almagro de la OEA, “Si no ayuda, no estorbe” y creo que la gran mayoría de los nicaragüenses piensan así respecto a la situación de la Costa Caribe, porque los que tienen el control entorpecen las donaciones y dinamitan los deseos por colaborar, queriendo centralizarlo todo y convirtiéndolo en proselitismo político cuando eso a nadie le importa.
Te puede interesar: Pisotean la memoria de Roberto Clemente
Entre tantas tragedias y arbitrariedades sufridas, al final se puede sacar una lección. Y es que cada nicaragüense evalúe y discierna si quiere continuar viviendo en una tierra así, desnuda y sin respuesta del estado, en donde premian a militantes y desprecian a los demás compatriotas. No se trata de juzgar y lapidar al otro, sino actuar con empatía, colocándose en los zapatos de los demás. La realidad nos acaba de dar una bofetada a todos, a los ya despiertos y aún dormidos, es cuestión de cada quien seguir despreciando la verdad, destruyendo el presente y hundiendo el futuro.
Aún con las persecuciones y bloqueos por centralizar y evitar la ayuda, los nicaragüenses seguimos sorteando murallas para extenderle la mano al prójimo. No solo debemos recordar a la Costa Caribe por haber producido a grandes jugadores de beisbol, sino mantenerlos presente en el día a día. Estoy seguro que si volviera a ver a Albert Williams y nos diéramos un abrazo sentiría la misma emoción e ilusión por haber representado a su país, al final todo somos iguales. Somos uno.